En octubre de 1997, Gwen van Gelder, una mujer holandesa de 67 años, partió hacia México. Quería emprender allí un proyecto con mujeres nahuas de escasos recursos, proporcionándoles una fuente de ingresos y, con ello, un futuro.
En un pequeño cobertizo en Cuentepec, estado de Morelos, Gwen montó un taller
sencillo y comenzó a confeccionar títeres de mano junto a un pequeño grupo de
mujeres de la localidad. Estas creaciones eran muy solicitadas por escuelas e
instituciones de Cuernavaca.
En su libro 'Una desconocida qué no hace daño', describe mediante breves impresiones lo que significaron para ella los seis años en Cuentepec.
